"Es hora de pedirle cuentas a la Legión. Es hora de contar la verdad"

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"Es hora de pedirle cuentas a la Legión. Es hora de contar la verdad"

Última actualización 04/05/2010@16:54:13 GMT+1

Nuevatribuna.es se hace eco de algunos de los testimonios que han padecido en primera persona abusos y sufrimientos durante sus años como Legionarios de Cristo. La Asociación de Víctimas de LC ofrece su web para que las víctimas tengan un lugar donde denunciar las atrocidades a las que fueron sometidos.

NUEVATRIBUNA.ES / AGNESE MARRA - 04.05.2010

Silencio. Sumisión. Abusos. Soledad. Aislamiento. Culpa, mucha culpa. La Asociación de Víctimas de los Legionarios de Cristo ha sacado a la luz la verdadera cara de esta orden que se acerca más al comportamiento de las sectas que al de las órdenes religiosas.

El sábado el Vaticano después de meses de investigación concluía que el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, había cometido abuso de menores y llevado “una vida sin escrúpulos”. Sin embargo la noticia no sorprendía dentro de la orden, y mucho menos a los miles de familiares que han visto su vida truncada por haber pasado por los Legionarios de Cristo, o por tener un familiar sin poder salir de allí.

Sus víctimas favoritas son los menores entre 11 y 12 años: “La idea es influir en la persona tan pronto como sea posible, para ‘formar’ a esta persona en el espíritu de la Legión de forma que ninguna otra influencia pueda deformar o manchar su vocación y su personalidad legionaria”, explica en la web de los familiares el padre Peter Cronin, quien invirtió 20 años de su vida a la Legión, hasta que la abandonó en 1985.

Cronin, pertenece actualmente a la Archidiócesis de Washington, y desvela en su testimonio cada una de las estrategias de esta secta reconvertida en orden. “No hay ninguna libertad. Todos los legionarios tienen dirección espiritual y confesión con sus Superiores, en el noviciado, a través de sus años de formación e incluso como sacerdotes. Esto es una aberración porque deja a la persona completamente bajo el control del superior”. De este modo el niño sólo puede hablar con su superior, nunca con ningún compañero. Su superior será quien controle su comunicación con el exterior, él será quien le abra las cartas que lleguen desde fuera, y también aquellas que quiera enviar. Su superior será quien le señale qué periódicos leer y cuáles no. “El control es total”, señala Cronin quien asevera que en ese aspecto “es igual a una secta”.

“ME PIDIÓ QUE LE DIERA UN ‘MASAJE’ EN EL ESTÓMAGO”

El silencio y la sumisión total que imperan dentro de la orden crean un clima más que favorable para cometer abusos sexuales. “Me despertó el Padre Eoghan y fui a su habitación. Se acostó en la cama allí y me dijo que le dolía el estómago, y me pidió darle masaje. Me cogió las manos y las metió donde quería que lo ‘masajease’. No fue precisamente en el estómago”. Este es el testimonio de Aaron durante sus años en el noviciado de la Legión. “Prometí a Dios obedecerle a mi superior en todo. Prometí a Dios nunca jamás criticar su persona, sus actos, su moral, su físico incluso, ni públicamente, ni privadamente y ni siquiera internamente. Prometí a Dios guardar un silencio absoluto durante la noche. Así que cuando me pidió hacerlo, no tenía opción sino de obedecerlo e incluso si quería decirle que no, no lo podía sin romper mi promesa de silencio. Si no lo hubiera obedecido, hubiera sido pecado. Si hubiera hablado, hubiera sido pecado. Bueno, eso es lo que te hacen pensar en la Legión. Y como no le podía criticar, ni siquiera podría permitirme creer que hacía el mal, que mentía, que en realidad no estaba enfermo de estómago... Y durante años me intentaba convencer de que aquella noche había hecho yo bien, que di asistencia a un sufriente mientras la realidad era que el Padre Eoghan Devlin abusó de mi y de su autoridad para su placer sexual bajo auspicios de pobre necesitado y sufriente”.

Aaron reconoce que su superior manejaba la culpa del joven a su antojo. El padre que abusaba de él era la única persona con la que le permitían hablar. “Como no podía llamar a mis padres o familia, ni escribirles sin la aprobación y revisión previas del superior, el superior empezó a funcionar como mi padre y la Legión como mi nueva familia”.La víctima decidió abandonar a la ‘familia’ que tanto daño le había hecho en 1998. En ese año fue cuando se enteró de que Marcial Maciel utilizaba los mismos métodos: “Leí por primera vez lo que pasó a otros legionarios años anteriores, a manos de Marcial Maciel. Y era lo mismo. Exactamente lo mismo. Maciel pidió a esos entonces niños que lo masajeasen, que estaba enfermo, que tenía permiso del papa Pío XII que lo masturbasen... Los llamó en la noche y los cogió las manos para que lo alivien...”.

Desde entonces Aaron se preocupó de que al menos el Padre Eoghan no tocara a un solo niño más. Denunció su caso ante la Diócesis de Irlanda, quienes lo apoyaron en todo momento y se comunicaron con el Vicario General de la Legión, el Padre Luis Garza. No llegaron más lejos, Garza no permitió dañar la imagen de la Legión. Años más tarde y por otras vías Aaron consiguió que el hombre que abusó de él se quedara en el Vaticano, y no ‘educara’ a más niños.

Las atrocidades de Maciel y sus métodos no son nuevas. En la web de las víctimas aparecen varios testimonios, entre ello el de Esther, la esposa de una de las víctimas del fundador de los Legionarios de Cristo. Su marido fue violentado cuando tenía 15 años, en el colegio que los Legionarios tienen en Ontaneda, España. Se lo contó a su mujer meses entes de casarse. Durante su matrimonio la víctima vivió los abusos del pasado en forma de depresión y de diversas enfermedades: “Él seguía triste, enfermo de otras cosas, padecía graves insomnios, semanas enteras no dormía, en una palabra, estaba en depresión permanente, y cuando oía algo sobre el Padre Maciel se ponía muy nervioso, muy alterado, fuera de control, se le secaba la boca, le dolía el estómago y le afectaba en su proceso de digestión”.

Las enfermedades también acompañaron a otra de las víctimas de Maciel, Francisco González Parga, quien permaneció en la Legión durante 20 años y tal y como escribe en una carta sigue llevando consigo “todo el daño moral y psicológico que usted se puede imaginar y que sufrí por muchos años al grado de vivir enfermo, con peligro de perder la vida y con depresiones continuas, como consecuencia del abuso cometido contra mi persona por el Padre Maciel y aún en la actualidad sufro las consecuencias. Pero ese es sólo mi caso, ¿Qué hay de los otros 100 o más casos reportados bajo juramento por escrito a la Santa Sede?”.

La Asociación de Víctimas de los Legionarios de Cristo ofrece éstos y otros testimonios, y sobre todo deja su web y una página de facebook para denunciar los sufrimientos que ha provocado esta orden/secta religiosa. Porque tal y como concluye Aaron en su ‘confesión’: “Ahora es la hora de pedirle cuentas a la Legión. Ahora es hora de revelar la verdad”.

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