Don Norberto, el cardenal

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Publicado en elarsenal.net el Dom, 25 de Abril de 2010Comenta esta información

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Foto: Notimex

Raymundo Riva Palacio
Amigo y protegido de los poderosos, Norberto Rivera Carrera no tiene ninguna preocupación sobre la realidad que lo rodea. Se siente impune y actúa con impunidad. Se ha metido de lleno en la vida política y hecho militancia política. Siempre serio en público, esconde bien lo dicharachero y parrandero que suele ser.


Rivera Carrera es el arzobispo de México y cardenal primado, pero también es el compañero de juerga de barones de medios de comunicación y empresarios, con quienes comparte el buen pan, el buen vino, sus aviones, sus excesos y su dinero. “Primo”, juega con él un empresario nacido en Durango como él, “¿dónde está tu novia?”. Eso no le gusta. “No juegues con eso”, siempre le responde. Cierto, él no tiene fama de doble vida como otros que durante su carrera eclesiástica protegió.


El cardenal mexicano se encuentra hoy en problemas. Hace unos días, un juez en Los Angeles ordenó que tanto él como el cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Angeles, tenían que testificar ante un juez en el caso de Nicolás Aguilar Rivera -sin parentesco con el mexicano-, por haberlo ayudado, según una demanda presentada en 2006, a evadir la justicia. El presbítero Aguilar Rivera estaba acusado de abuso sexual y lo perseguía la policía de Los Angeles. Mahony lo cubrió y con la ayuda de Rivera Carrera impidió que fuera procesado.


Los dos cardenales, antes de serlo, tejieron una trama para que el presbítero Aguilar Rivera fuera trasladado de país en país para que la justicia no encontrara sus huellas. El diario Los Angeles Times obtuvo copias de la correspondencia entre ambos, producto del cisma que ha acompañado a la Iglesia Católica desde hace casi una década por las denuncias de pederastia, y los fiscales encontraron el rumbo hacia ellos.


Rivera Carrera fue puesto en el visor público como un mortal que podía ser vulnerable ante la ley. Durante años fue como una ave Fénix, que cruzó el pantano de la pedofilia sin mancharse, y protegió a Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo que resultó además de abusador de niños, polígamo. Sirvió a los grandes empresarios que financiaban a Maciel y con la ayuda de sus amigos en los medios contribuyó a la censura sobre el tema de la pedofilia y al largo silencio de años en la sociedad. Fue, quiérase a o no, su cómplice.
Ha sido un hipócrita, con un doble discurso donde hoy condena la pederastia y afirma que se castigará a los sacerdotes pederastas, pero hace no mucho, cuando estalló el escándalo mundial sobre pedofilia de sacerdotes, declaró que los periodistas eran “prostitutas y prostitutos de la comunicación”, que “matan a las familias de los demás”, porque no dejaban de denunciar los abusos bajo las sotanas, a cuyos sacerdotes consideraba injustamente señalados. Al tomar El Vaticano la bandera contra sacerdotes pederastas, se comió sus palabras, pero ha sido muy discreto en no tocar a su amigo Maciel.
Rivera Carrera no tiene mucha autoridad moral. Según la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes, a lo largo de su carrera eclesiástica ha protegido a cuando menos 22 curas pederastas, incluidos Maciel y Aguilar Rivera. De acuerdo con la periodista Sanjuana Martínez, en un reportaje publicado en enero de 2009 en Alterinfos, el arzobispo tenía como mano derecha a un protector de curas pederastas. Martínez reveló que se trataba del obispo Jonás Guerrero Corona, a quien Rivera Carrera le encargó, paradójicamente, la organización del VI Encuentro Mundial de las Familias, que abordaría los valores del núcleo familiar.


La protección de los poderosos lo metió durante los dos últimos años en un conflicto permanente y creciente con el arzobispo de Tlanepantla Carlos Aguiar, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, dentro del contexto de revolución moral que se estaba gestando dentro de la Iglesia Católica. En la lucha dentro de la jerarquía eclesiástica, Aguiar aprovechó el cambio de mando en El Vaticano con la llegada de Joseph Ratzinger al papado y los vientos renovadores que comenzaron a soplar.


Ratzinger, que se hizo llamar Benedicto XVI, comenzó a atacar la pederastia dentro de la Iglesia, que bastante daño les ha hecho. En los tiempos de renovación dentro de la Iglesia, Aguiar enfocó su objetivo en Rivera Carrera, un sacerdote conservador y metido con las élites. El objetivo era que El Vaticano lo removiera como arzobispo primado de México, pero irónicamente, el sacudimiento con los curas pedófilos y la incineración de un pecador como Maciel, provocó que su remoción quedara pendiente.
El cardenal hizo de su oposición al derecho de la mujer a decidir sobre tener o no un hijo, una cruzada moral. Calificó de “aberrantes” las reformas legales en el Distrito Federal sobre matrimonios del mismo sexo y la posibilidad de que adoptaran, en una marcha militante de la cual todavía hay eco. Sus posiciones conservadoras, en ocasiones extremistas, le generaron apoyos, pero también repudio, por la falta de sensibilidad que tuvo para con un segmento de la población, inclusive católica, que se sintió excluida por sus posiciones.


Norberto Rivera Carrera es un guerrero de la palabra, beligerante y provocador. Amigo de priistas, del ex presidente Vicente Fox, de empresarios y dueños de medios de comunicación a quien les hace favores, organiza sus misas y bendice y casa a sus hijos. Se cree protegido, y la convulsión dentro de la Iglesia Católica le dio el oxígeno que le urgía para poder seguir como arzobispo primado de México. ¿Por cuánto tiempo? Nadie lo sabe, como tampoco nadie sabe cuánto durará la turbulencia en El Vaticano y sus subsidiarias mundiales por los pecados de sus sacerdotes. Lo que se sabe es que está en la mira de los jerarcas de la Iglesia en México, que lo ven con recelo y desconfianza. Será, probablemente, una mera cuestión de tiempo.

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