lunes 1 de diciembre de 2008

Atanasio ese eclesiático "maldito"

Nota:Tomado de "Historia Criminal del Cristianismo" T, 2 KH Deschner

Este es el importante adalid de las huestes católicas frente a los
arrianos...

Atanasio, nacido alrededor del 295 probablemente en Alejandría, de
padres cristianos, ascendió, cuando contaba unos treinta y tres años
de edad, el 8 de junio de 328, a la sede patriarcal de aquella
ciudad, de la que fue expulsado cinco veces, totalizando diecisiete
años y medio de exilio. Fue el obispo de mayor influencia en Oriente
y soberano del más grande aparato eclesiástico de la época. Sin
embargo, lo mismo que Agustín y otros muchos papas, ascendió de
manera incorrecta, y no exenta de violencia. Aunque se dice que
fue «elegido unánimemente por el clero y el pueblo» (Donin,
católico), en realidad le nombraron y consagraron sólo siete de los
54 obispos egipcios y, además, faltando a la fe jurada, un penoso
hecho que quien tanto hablara sobre él, y a menudo de forma severa,
prefiere pasar por alto. «Nuestro obispo acostumbra a tratar
brevemente los acontecimientos desagradables, o incluso a
silenciarlos por completo, como por ejemplo los antecedentes de su
elección» (Hagel).

Igual que sucediera en el Imperio Romano, también la situación
eclesiástica en Alejandría resultaba desconcertante, y no sólo
entonces.

Ya durante la persecución de Diocleciano se produjo en Egipto un
cisma, lo mismo que en el norte de África con la disputa de los
donatistas. Por precaución, el patriarca Pedro desapareció de la
escena, con lo que el rigorista Melicio, obispo de Licópolis, usurpó
los derechos del alejandrino huido, no pudiendo hacer desaparecer el
cisma ni con su martirio (311). Siguió existiendo como la «Iglesia
de los mártires», a pesar de la excomunión de Melecio en el año 306,
al que finalmente se desterró a las temidas minas de Faino
(Palestina), pero que siguió contando con cerca de un tercio del
episcopado egipcio, 34 prelados. En el Concilio de Nicea, no estando
excomulgados pero tampoco reconocidos del todo, sus partidarios
intentaron presentar un candidato propio a la muerte del patriarca
Alejandro. Sólo esto puede explicar que de los 54 obispos reunidos
en Alejandría únicamente siete, una precaria minoría, eligieran a
Atanasio, que sin embargo aparentó ante Constantino la existencia de
unidad para recibir de él una carta congratulatoria.

Probablemente como Pablo y como Gregorio VII, Atanasio -una de las
personalidades más discutidas de la historia (incluso hoy siguen
siendo objeto de controversia algunos de los datos sobre su vida)-
era bajo y débil; Juliano le llama «homúnculo». Sin embargo, lo
mismo que Pablo y Gregorio, cada uno de los cuales era un genio del
odio, este clérigo, el más obstinado de su siglo, compensaba su
escasa presencia física con una enorme actividad. Fue uno de los
personajes eclesiásticos que con mayor tenacidad y falta de
escrúpulos indujo a errores. Sin embargo, los católicos le
declararon padre de la Iglesia, que es uno de los máximos honores,
para lo que se ajustan los hechos: «Violencia brutal contra los
adversarios a los que se aproximaba, malos tratos, palizas, quema de
iglesias, asesinato» (Dannenbauer) . Falta por citar el soborno y la
falsificación; «imponente», si queremos utilizar el término empleado
por Erich Caspar, pero «totalmente desprovisto de rasgos humanos
atractivos». De manera análoga se manifiesta Eduard Schwartz sobre
esta «naturaleza humanamente repulsiva, pero soberbia desde el punto
de vista histórico», y deja constancia de «la incapacidad de
distinguir entre política y moral, la ausencia de cualquier duda
sobre su propia autolegitimidad» . El teólogo Schneemelcher, por el
contrario, hila más fino, distinguiendo los «panfletos de política
eclesiástica de Atanasio [...] con su aborrecible polémica y su
falta de veracidad» de sus «escritos dogmáticos, que alegran el
corazón de la ortodoxia», y considera a Atanasio como un hombre «que
quiere ser teólogo y cristiano y que sin embargo se queda siempre en
su naturaleza humana», lo que quiere decir que el teólogo y
cristiano, lo mismo que muchas de sus acciones, auna la ortodoxia
gratificante con el odio y la mentira. El propio Schneemelcher cita
las «intrigas» y «los impulsos violentos de los jerarcas», y con
razón considera que la imagen no mejora «por las acciones de la otra
parte, que se encuentran exactamente al mismo nivel». (De lo que
resulta la tesis principal: «La política de la Iglesia es, en último
término, siempre injusta».) Sin embargo, Atanasio, que trabajó «con
todos los medios de la difamación» y que «en más de una ocasión rozó
los límites de la alta traición», tal como escribe su admirador Von
Campenhausen, no retrocedía ante la liquidación del adversario, como
atestiguan numerosos contemporáneos. Un «hombre sanguinario», según
afirmaba en el año 255 el competente Constancio de Milán, que se
ríe «taimado en la cara de todo el mundo». O, como dice su sucesor,
el emperador pagano Juliano: un sujeto que se crece cuando arriesga
su cabeza. O bien, resumiendo de boca del católico Lippl: «Su vida y
su obra son una parte muy importante de la historia de la Iglesia».

Tomado de "Historia Criminal del Cristianismo" T, 2 KH Deschner

Este es el importante adalid de las huestes católicas frente a los
arrianos...

Saludos
http://www.am.com.mx/Nota.aspx?ID=165357&strPlaza=Leon&IDPlaza=1

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